Qué se ha estudiado
El trabajo, dirigido por Kening Jiang y con Adam P. Spira como autor sénior, se publicó en línea el 5 de octubre en una revista de gerontología (la nota de la Johns Hopkins la cita como The Journal of Gerontology: Medical Sciences y enlaza al artículo en Oxford Academic). Usa datos del National Health and Aging Trends Study, una encuesta representativa de EE. UU., con 995 beneficiarios de Medicare de 65 años o más, sin demencia en 2013, a los que se siguió hasta 10 años. Se preguntó a los participantes por sus siestas (si las dormían, con qué frecuencia, si eran involuntarias y cuánto duraban), y los análisis se ajustaron por características demográficas, enfermedades y características del sueño nocturno (duración, somnolencia diurna y un indicador de riesgo de apnea del sueño).
Fuentes: Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health — nota de prensa (13/10/2026) · Artículo original en Oxford Academic.
El resultado: +48 %, +39 % y +40 %
Frente a quienes dormían siesta rara vez o nunca, los que la dormían la mayoría de los días o todos tuvieron un 48 % más de riesgo de demencia. Quienes se dormían sin querer tuvieron un 39 % más, y quienes dormían siestas de 30 minutos o menos, un 40 % más; esta última asociación se mantuvo tras el ajuste. Para las siestas más largas, la nota no da una cifra y dice que la asociación se debilitaba al tener en cuenta el sueño nocturno. Al excluir los casos de demencia diagnosticados en los primeros cinco años, las asociaciones de la siesta frecuente y de la involuntaria «seguían siendo similares», sin cifras.
Fuente: Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health — nota de prensa sobre el estudio.
Los límites del estudio
Asociación, no causa
Es un estudio observacional: no asigna las siestas al azar, de modo que no puede demostrar que dormirlas provoque demencia.
Puede ser al revés
Los autores consideran plausible la causalidad inversa: una demencia incipiente podría alterar el control de la vigilia y aumentar las siestas. Spira sugiere que dormir más siestas podría ser un marcador de cambios en el cerebro, y no una causa.
Datos declarados
Las siestas las contaron los propios participantes, con posible sesgo de memoria, y la demencia se clasificó con un algoritmo validado, no con un diagnóstico clínico individual.
Resultados previos mixtos
Según la nota, estudios anteriores han dado resultados dispares, algo que los investigadores atribuyen en parte a las diferencias de diseño (autoinforme frente a dispositivos de medición) y a las actitudes culturales hacia la siesta. Los participantes son de EE. UU.; los resultados pueden no aplicarse igual a la población española.
Qué se puede (y qué no) concluir
El estudio no dice que haya que dejar de dormir la siesta ni que hacerlo provoque demencia. Lo que sugiere, según los autores, es que un cambio en los hábitos de siesta de una persona mayor podría servir como señal temprana y accesible para vigilar su salud cognitiva. Si una persona mayor empieza a dormirse sin querer durante el día, o nota cambios de memoria, conviene comentarlo con un profesional sanitario. Para una visión general del sueño, véase la pieza «El sueño: por qué no es “apagar” el cuerpo». Esta pieza se basa en la nota de la Johns Hopkins; el texto completo del estudio no se ha podido consultar.
